TDAH: Cómo el entorno puede ayudar al tratamiento de este trastorno

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El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), es uno de los trastornos más frecuentes que afecta al neurodesarrollo, dañando principalmente el área prefrontal del cerebro, específicamente dos funciones cognitivas: la atención y las funciones ejecutivas. En Chile, según algunos estudios, el TDAH se presenta en alrededor del 10% de los escolares, cifra muy superior al 4% promedio mundial.

¿Cómo se manifiesta?

La psicóloga infanto-juvenil de Nueva Clínica Cordillera, María Jesús Mena, afirma que este trastorno se puede manifestar en 3 subtipos:

  1. Déficit atencional con hiperactividad:  La mayor parte del tiempo el niño se encuentra inquieto, en constante movimiento, interrumpe conversaciones o diferentes actividades, presenta dificultad para esperar su turno, pueden presentar torpeza, frustración, etc.
  2. Déficit atencional del tipo inatento: Falta de atención predominante, dificultad para sostener la concentración, dificultad para seguir instrucciones, se distrae fácilmente, a momentos pareciera no escuchar incluso cuando se les habla directamente, es común que olviden instrucciones, pérdida de elementos, etc.
  3. Déficit atencional combinado: Se caracteriza por conductas hiperactivas e impulsivas, así como también la falta de atención. Es el tipo más frecuente.

¿De qué forma podemos ayudar a un niño diagnosticado con TDAH?

Si bien existe un tratamiento farmacológico que debe guiar un profesional idóneo, según María Jesús, psicóloga de NCC, el tratamiento hacia un niño con TDAH comienza mucho antes y con una mirada que incluye a la familia. En este sentido. Mena, nos cuenta que “es fundamental comprender que la atención es la puerta de entrada de todo proceso cognitivo, una dificultad que los niños no eligieron y que ni siquiera logran entender y comprender en cómo les afecta”. Por tanto, “el primer paso comienza por los cuidadores, quienes deben trabajar la comprensión y aceptación de la sintomatología, evitando reproches, etiquetas y/o castigos cuando los niños no logran finalizar lo que comienzan, no logran concentrarse y obtienen bajos resultados en su rendimiento escolar, cuando parecieran estar en la nubes y no logran comprender las instrucciones que les entregamos, etc”.

Por lo tanto, la invitación es, según la profesional de Nueva Clínica Cordillera, “a tomar conciencia y así evitar caer en etiquetas e interpretaciones erradas que podría hacer el menor en torno a su autoimagen, autoestima y relaciones interpersonales. Ya que las consecuencias de este déficit no sólo son a nivel conductual, que es lo que principalmente se observa, sino también emocionales y de pensamientos”.

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